“Vivimos en una provincia de sentimientos y pensamientos. El mundo está lleno de colores irritantes: por eso le es fascinante a la gente”, señala en su curso Lo normal y anómalo del arte, clasicismo a la modernidad, el doctor Carl-Georg Böhe.
Desde las dos ópticas presentadas anteriormente, será posible vislumbrar cuál es la última arista para completar el tratamiento del caso de quien por semanas se ha dado espacio para hablar aquí: Victoria Chagoya de Sánchez.
Arte y Chagoya: ¿existe eso?
Como diría Martín Heidegger: ¿y para qué poetas en tiempos de penuria? Postula su tesis en aludir a que en estas épocas de crisis social, económica, política, etcétera, no es posible sensibilizar los sentidos de tal manera que la gente tenga la posibilidad de apreciar el arte. “Los tiempos no son sólo de penuria por el hecho de que haya muerto Dios, sino porque los mortales ni siquiera conocen bien su propia mortalidad ni están capacitados para ello. Los mortales todavía no son dueños de su esencia” (Heidegger Martín, Alianza: 1998).
La visión Heggeliana que se ha expuesto, es totalmente aplicable no sólo para el arte. La situación en todos sus aspectos se torna igual.
Victoria Chagoya, con su descubrimiento, a mostrado que: o no es como los mortales que señala el filósofo alemán, o bien, simplemente es el mismo Übermensch que Nietszche define como “una persona capaz de generar su propio sistema de valores identificando como bueno todo lo que procede de su genuina voluntad de poder”. No obstante, dicha cualidad se ve totalmente perdida cuando llegan aquellos personajes que truncan el objetivo de la científica: gobierno y empresa.
La permanencia negativa del arte en la ciencia
Böhne dice que en la Edad Media, la jerarquía del arte se llevaba de tal manera que no existían las mayorías: “es la forma de una pirámide, donde bien se puede notar en la parte de hasta arriba el poder de un Dios, en el segundo nivel a los emperadores o Papas, por último al clérigo o nobleza. ¿Y la gente?: no existe, no tiene cara, son anónimos.
Desde esa perspectiva, es posible ver que no sólo han perdurado rasgos medievales en nuestra sociedad tan sensacionalistamente determinada como posmoderna, sino más bien, se han establecido cuasi de manera autómata. Es decir, aunque se hable de acceso a mayores bienes, facilidad de educación, de una democracia, etcétera, la misma sociedad sigue dejando en manos de seres Supremos sus objetivos. La gente rica sigue imperando, además de continuar siendo minoría, junto con sus adeptos que representan el último escalón de la pirámide de arte medieval.
Con esas representaciones, es fácil notar cuál es el rumbo que tendrá el proyecto de Chagoya. Sin una investigación a fonfo, análisis profundo, o indagaciones con líderes de organismos que deberían apoyar trabajos como los de la académica, el arte medieval en analogía con la realidad actual económica, y social que Hidegger expone, queda claro que el trabajo, tan impactante y de tanta relevancia a nivel mundial que presenta Victoria Chagoya, no será más que un fósil atrincherado en la más oscura fortaleza de la indiferencia gubernamental y empresarial.
Funciones y disfunciones
Se habla en muchos lados de poderes fácticos. Más en aquellos en los que se quiere criticar o cuestionar al sistema acerca de su trabajo como máximo poder. Y ¿a quiénes se les denomina así en México? Efectivamente: a los medios de comunicación.
La académica, de quien se ha tratado su caso aquí, se encuentra sorprendida por el trabajo que ese poder tan dominante en nuestro país ha hecho. No del lado positivo, sino del negativo.
Lo mismo opina la investigación desde el punto de vista del Derecho, acerca de lo que debería ser la función de los medios, y que en realidad resulta ser una disfunción.
Se puede decir entonces, que la pirámide del arte que se propone como rectora del sistema social mexicano ha sufrido una transformación, estableciendo así en su punta a Dios, en la segunda los “representantes de Dios”, el gobierno y los empresarios. Con respecto a la tercera. Ahí se queda el absoluto ligar para los medios de comunicación. Nuevamente la pregunta se abre: ¿y la sociedad? Por segunda ocasión no existe.
¿Y para qué científicos?
Intentos hay, habrá y se tendrán que plantear. Rosaura Ruíz, sea quizás un arquetipo de eso, sin embargo, antes de emprender un proyecto para apoyar a que se culminen trabajos como los de la investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, se tendrán que replantear todas las categorías existentes de este mundo: las filosóficas, sociales, económicas, de gobierno y sus jerarquías que conlleva, etcétera.
Mientras no exista un orden sistematizado y riguroso que sea apropiado a las necesidades globalizadas del mundo posmoderno, bien se podrá seguir viendo la pirámide del arte medieval como un modelo de poder actual, que es atravesado por la expuesta espiral del silencio, que Elisabeth Noelle-Neumann propone.
Si la sociedad no sale de ese caracol que genera la “mente colectiva”, bien podrá seguirse utilizando la conjetura de Heidegger, sólo que ahora ajustada. Planteando: ¿y para qué científicos en tiempos de penuria?

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